Texto: Alonso Alarcón Múgica*
Fotos:
Cortesía Alonso Alarcón Múgica

La danza gay surge en México en 1996 encarnada en los actos performativos del bailarín José Rivera Moya, un gran representante de la danza contemporánea independiente y posmoderna de finales del siglo XX. El también director y coreógrafo de la compañía La Cebra Danza Gay, conformada hace veintitrés años en la Ciudad de México por puros bailarines varones, fue el principal encargado de que, bajo el cobijo del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, y a través de la Coordinación Nacional de Danza, el pasado mes de junio se llevará a cabo el Primer Festival de Danza Gay “Teoría del Arcoíris”.

A lo largo de tres noches el telón del Teatro de la Danza “Guillermina Bravo” se abrió a una selección de coreógrafos y compañías de diversas generaciones que dan cuenta del devenir de la danza gay en México, así como a otras formas coreográficas que abordan temáticas de la comunidad LGBTTTI+ en un sentido diverso. En esta oportunidad solo haré mención del trabajo de tres agrupaciones:

México de Colores de Carlos Antúnez, presentó una serie de seis cuadros de folclor escénico con una fuerte dosis de humor, estrategia desde la que el coreógrafo subvirtió los roles binarios y la heteronorma que caracteriza a la danza tradicional mexicana.

Por otro lado, el grupo anfitrión, La Cebra Danza Gay de José Rivera, presentó su estreno “Equinos en busca de Sangre”, una pieza con una estructura de composición coreográfica modular que mostró a tres bailarinxs queer en una interpretación impecable en la que el dominio de la técnica de heels (tacones) se mezcló con danza contemporánea y la estética del Vogue para abordar como tema la oscuridad y la seducción.

En tercera instancia, Amplio Espectro de Arturo Lugo presentó la pieza “Gimnasia Pasiva”, una coreografía que centró su discurso en la relación entre el falo y el culo con la intención de lanzar metáforas corporales en torno al poder y la dominación. Para este número, el coreógrafo recurrió a la utilización de objetos lumínicos de tonos fríos, pepinos que pelaban en escena, pantalones, faldas y pelucas, articulados todos en una danza mínima, contemplativa y de lenguaje corporal preciso, a través de la cual logró plasmar poderosas imágenes que llevaron al espectador a penetrar en un intenso repertorio dancístico queer.

Así, el Primer Festival de Danza Gay de la Ciudad de México fue una polifonía coreográfica que mostró, a través del ballet clásico, la danza contemporánea, el tango queer y el folclor escénico, que las “teorías del arcoíris” son, sin duda alguna, grandes potencias de la danza escénica desarrollada en la actualidad en México.

* Es Doctorando en Historia del Arte por la UNAM.