Texto: Renata Blaisten González*

Foto: Cortesía de la Colección Andrés Blaisten. Francisco Toledo, Tamazul, 1977.

    Hablar del Maestro Francisco Toledo es hablar de un hombre que no solo fue artista sino también ambientalista, activista a favor de las comunidades indígenas, gestor y promotor cultural de Oaxaca y filántropo, entre otras cosas. En ese sentido, resulta inminente decir que, tras su partida, México ha perdido a un personaje fundamental.

Para abordar cada una de sus facetas se necesitarían muchas páginas ya que su labor fue ardua, constante y persistente. Por ello, en este texto, solo hablaré de su obra y sus aportes a la cultura mexicana.

La promoción y difusión del arte para todos, fue un proyecto de vida que Toledo materializó en diversos recintos e instituciones como el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, cuya misión es mostrar la colección que el propio artista agrupó, así como fungir como una biblioteca especializada en arte. En esa línea, el juchiteca también creó la biblioteca Jorge Luis Borges que alberga una importante colección de libros en Braille y donde también se imparten cursos de este sistema para invidentes, así como de lenguaje de señas para personas sordomudas.

Por otro lado, creó la casa de Cultura de Juchitán y el Centro de las Artes de San Agustín (CASA), que se dedica a hacer materiales ecológicos para artistas a la vez desarrolla proyectos artísticos que integren a la comunidad, entre otros.

Francisco Toledo fue un artista completo que incursionó en diferentes técnicas, experimentando en barro, óleo, dibujo, fotografía, técnicas mixtas, litografía, grabado en metal, fotograbado y hasta fue uno de los pioneros en México en la gráfica digital. Su obra está impregnada de humor, erotismo y, en algunos casos, de crítica social o política.

Siempre fue fiel a sus raíces. Con una paleta de colores tierra, incorporó a la fauna de su estado y la dotó de personalidad. Amante incondicional de la naturaleza y sus virtudes, los grillos, sapos, monos, murciélagos, cangrejos, iguanas, y serpientes, por mencionar algunos, son constantes en sus representaciones. Los animales en sus obras son activos y protagonistas; los plasma en interacción con humanos o en situaciones humanas, un ejemplo de esto, son sus obras eróticas. En ellas, los animales son los que llevan a cabo la acción pero con genitales humanos, creando así interesantes fábulas visuales en las que, en ocasiones, reconocemos fetiches, como los zapatos de tacón.

Su obras muestra un gran amor a las tradiciones, a las costumbres, a su gente, a la naturaleza y a la vida diaria. Su quehacer artístico refleja el gozo por la cotidianeidad y por la belleza intrínseca de las cosas, además de un profundo respeto a la naturaleza. Y en congruencia con lo anterior llevó su vida: siempre desprendido de lujos y máscaras, siempre fiel a su esencia y su conciencia social, artística y humana.

* Licenciada en Historia del Arte por la Universidad Iberoamericana con el grado de maestría en Estudios de Arte por la misma institución. Es actualmente directora de los fondos documentales y artísticos que alberga la Colección Andrés Blaisten. Curadora, asesora y colaboradora en diferentes exposiciones de arte mexicano que se han llevado a cabo tanto en México como en el extranjero. Ha escrito en varios libros y catálogos de arte mexicano y sobre coleccionismo. Ha sido ponente en varias conferencias en recintos como Bellas Artes y San Ildefonso, entre otros.