Texto: Georgina Sánchez Celaya*

Fotos: Cortesía de M68

En octubre de 2018, tras un proceso de renovación resultado del proyecto M68 Ciudadanías en Movimiento, abrió al público el nuevo memorial del 68 ubicado en el corazón del Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM. El memorial, dedicado a la historia del movimiento estudiantil de 1968 y a la rememoración de los acontecimientos que desencadenaron la cruenta masacre del 2 de octubre de ese mismo año, partió de una propuesta curatorial articulada con información documental obtenida de la investigación en distintos fondos y archivos. A la par, se integró la exposición permanente sobre Movimientos Sociales dedicada a las distintas formas de lucha que se articularon posteriormente al movimiento estudiantil para hacer frente a una diversidad de problemáticas que han surgido a lo largo y ancho del país en épocas recientes. Dicha exposición consta de 11 núcleos, varios de ellos dedicados a la lucha feminista como el proyecto “De + Liberaciones, luchas en diálogo” de la colectiva Laboratorio Curatorial Feminista.

El presente texto abordará desde la experiencia y bajo la noción de afecto – ser afectado el proceso curatorial de uno de los núcleos del extenso memorial proyectado en más de 1300 m2.

La palabra afección tiene dos connotaciones, en su acepción de adjetivo: afecto, hace alusión a un estado de ánimo o sentimiento positivo focalizado hacia una persona o situación, como verbo: afectar, ser afectado, señala la existencia de una sensación o impresión negativa en nuestra persona. Hablar del M68 desde el afecto implica abordar dos aspectos fundamentales que atravesaron tanto mi experiencia personal como la experiencia colectiva de trabajo dentro de este gran proyecto. En primer lugar, hablar desde el afecto pone de relieve la importancia del despliegue y activación del repertorio de los actos políticos de memoria1 en la construcción de un archivo. Se trata de los actos indispensables para preservar y transmitir la memoria, recursos estratégicos para recolectar no solo documentos sino la materia viva que los produjo. Archivar y trabajar la construcción de narrativas desde el afecto -con amor y responsabilidad- es un antídoto contra el olvido y un bálsamo para la herida colectiva que no cierra debido a la imposibilidad de obtener justicia, pero sobre todo, es un potente mecanismo para imaginar las claves de acción en el futuro.

En segundo lugar, al estar en contacto con un extenso cuerpo documental donde se traslucen elementos que develan las múltiples caras de la violencia estatal, como colectivo de trabajo hemos sido afectados por un sin fin de información e imágenes: el espionaje llevado a cabo por la Dirección Federal de Seguridad (DFS), los cuerpos de lxs estudiantes golpeadxs brutalmente o tendidxs en las morgues, los rostros llenos de angustia y desesperación de las madres y familiares de lxs desparecidxs, el grito de las mujeres cuyas hijas fueron víctimas de feminicidio, los paisajes devastados de las zonas de sacrificio como las minas a cielo abierto explotadas por compañías transnacionales, lxs cuerpxs vulnerables de lxs migrantes entre ellos niños y niñas expuestos a toda clase de abusos durante su travesía…

Todo el equipo de investigación del proyecto vivimos y compartimos esa afección que, por unos momentos era un sentimiento de júbilo y esperanza al saber de la existencia de activistas, luchadorxs sociales que se han manifestado para cambiar la situación de violencia sistemática e impunidad que nos atraviesa como sujetxs y como colectividad. Pero, en muchas otras ocasiones, el estado de ánimo que sobrecogía a la mayoría era de desesperanza, impotencia e incluso paranoia. Uno de los mayores retos para el proyecto fue, sin duda, el trabajo en el Archivo del Museo Casa de la Memoria Indómita, no solo por las historias de vida que encierra cada documento y los lazos familiares que en ellos se traslucen, sino por el nivel de violencia que documentan. Raymundo Cruz quien trabajó de manera excepcional en el Archivo, compartió su testimonio en el que describe ese estado de afección:

“Cuando entré al archivo del Museo Casa de la Memoria Indómita, de repente, los nombres de las personas que ya había yo visto en el Archivo General de la Nación cobraron otro sentido, cobraron otra visión y otra fuerza, me di cuenta que esas personas eran madres, esposos, hijos, amigas… Para mí fue, en primera instancia, pasar de los archivos de la represión —me refiero al AGN— a una temática totalmente distinta en un archivo que forma parte de lo que yo defino así: los archivos
creados con amor y mucha lucha. Para mí, en su momento, fue difícil de asimilar, porque cada uno de esos nombres cobró cuerpo, cobró una forma y fue difícil, fue muy difícil afrontar esa situación…”

EL MOSAICO DE MOVIMIENTOS SOCIALES

En el texto “Nuestros cuerpos son nuestros territorios” de la investigadora, colega y asesora en feminismo del proyecto M68, Emanuela Borzacchiello, se cita a la periodista y editora feminista Marta Acevedo, quien describe un ambiente de miedo posterior a la masacre del 2 de octubre de 1968, el cual imposibilitó la ocupación del espacio público. No obstante -añade-, fueron las mujeres y los grupos feministas de los años 70 las primeras en salir de ese estado de parálisis y apropiarse de nuevo y de manera colectiva del espacio público2. Este acto político de apropiación tiene una enorme potencia para hablar de un punto de arranque simbólico en el que el miedo es dejado a un lado y la acción de las mujeres feministas se convierte en un latido originario que hace circular de nuevo un reclamo por la vida, por el derecho a manifestarse y a existir, un acto que nos recuerda -como señala Diana Taylor- que seguimos ¡Presentes!3 y aún podemos movilizarnos y articular la lucha para defendernos de las estructuras que nos oprimen.
La reocupación del espacio público por los grupos feministas es una metáfora del renacer de la movilización social y la re- existencia en un contexto de despotismo y represión por parte del gobierno. La exposición permanente de los Movimientos Sociales y el Memorial del 68 forman parte de la historia de la resistencia social de nuestro país conformada por varias comunidades indígenas y grupos de la sociedad civil organizada, además de las luchas feministas, entre muchos otros grupos de lucha. Es, además, una pequeña pero nutrida muestra de las distintas estrategias de dicha resistencia y el dinamismo de la lucha que, en síntesis, constituye un reclamo colectivo por la vida y la justicia social.

Para organizar un proyecto de la escala de M68 Ciudadanías en Movimiento, fue necesario establecer un punto de partida que fungiera como columna vertebral con distintos ejes para categorizar la diversidad de movimientos sociales que han surgido en México en la segunda mitad del siglo XX y las primeras décadas del siglo XXI. Fue así como se creó una tipología con diez categorías que dieron estructura a la colección digital y al proyecto en general. Estas diez líneas temáticas se adecuaron y dieron origen a otras categorías que organizan el núcleo: el Mosaico de movimientos sociales. Esta pieza es un interactivo que forma parte de este núcleo, el cual es resultado de un mapeo de 34 luchas agrupadas en 12 categorías según sus características, en relación con una serie de derechos e instrumentos jurídicos. Este interactivo es un dispositivo digital que consta de dos secciones: la cartografía de derechos y el mosaico de movimientos sociales. Organizados en dos grupos de trabajo, con el equipo curatorial de M68, articulamos un andamiaje de relaciones entre movimientos sociales, derechos e instrumentos jurídicos y realizamos la investigación correspondiente a 34 movimientos sociales resultado del mapeo. Por su parte, el equipo del CONAPRED llevó a cabo la investigación para la cartografía de derechos, es decir, el desarrollo de contenidos en torno a una serie de instrumentos jurídicos entre reformas, normas, recomendaciones y amparos que conforman una parte del marco legal que respalda las demandas y exigencias de las luchas sociales que se han configurado en movimientos u organizaciones autónomas. Dicho marco jurídico es resultado de una larga lucha llevada a cabo en diversos frentes para crear, modificar o hacer uso de leyes e instrumentos jurídicos que permitan acceder a las garantías de protección, o bien, a la impartición de justicia. De esta manera, movimientos sociales e instrumentos jurídicos se entrelazan en el interactivo a manera de vasos comunicantes mediante la navegación en dos pantallas táctiles y la proyección a muro de la información que el usuario elige desplegar, la cual se complementa con material visual de documentación que aparece aleatoriamente donado por fotógrafxs comprometidos con las causas sociales que han retratado las diversas luchas de nuestro país. La investigación llevada a cabo no solo da cuenta de los logros de los movimientos sociales, también pone de manifiesto que los marcos legales se construyen de manera colectiva y, sobre todo, mediante la lucha organizada.

Trabajar con movimientos sociales implica enfrentarte a las múltiples caras de la violencia, desde la desaparición forzada, el asesinato de periodistas y líderes indígenas ambientalistas, la violencia feminicida, hasta los ecocidios perpetrados por el crimen organizado y las empresas nacionales y transnacionales en contubernio con el gobierno. Si bien es cierto que los 34 movimientos mapeados son muy distintos entre sí, y que el interactivo además de conformar un archivo es una especie de caleidoscopio donde se vislumbran diversos horizontes de lucha, el punto en común que los articula es, sin duda, la violencia. Si hay algo que posibilita este archivo de los movimientos sociales es el poder nombrar y vislumbrar las estructuras que nos atraviesan y nos oprimen en cuanto a cuerpx y sujetxs para comprender aquello que nos afecta como sociedad. Así, entonces, el interactivo de los movimientos sociales es un archivo creado con amor para hacer frente a las múltiples formas de violencia el cual nos permite descifrar las claves de la resistencia y la lucha en el futuro para pensar y repensar distintas maneras de re-existencia. Porque si hay algo que nos sustrae la violencia, es la capacidad de diseñar utopías e imaginar otros mundos posibles donde quepan muchos mundos.

A manera de conclusión, considero que es de suma importancia hacer un ejercicio de honestidad y reconocer que todo archivo está construido de faltantes y omisiones, y el interactivo de los movimientos sociales no es la excepción. Los equipos de trabajo estamos conscientes de la importancia de generar un debate respecto al resultado final y, sobre todo, recibir la crítica constructiva. Este espacio es una invitación al memorial M68 Ciudadanías en Movimiento y a la vez un comienzo para iniciar la discusión en torno al trabajo realizado.

No dejen de visitar la exposición y consultar los archivos digitales:

Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCU Tlatelolco) Ricardo Flores Magón 1. Col. Nonoalco-Tlatelolco Correo electrónico: ccutlatelolco@gmail.com Teléfono: (52) 5117 2818 ext. 49613

Horario: martes a domingo de 10:00 am a 18:00 pm. http://tlatelolco.unam.mx  

*Es maestra en Historia del Arte con especialidad en Estudios Curatoriales impartida por la UNAM. Se desempeñó como Jefa de investigación y curadora para el proyecto M68 Ciudadanías en Movimiento. Actualmente desarrolla investigación sobre feminismo, arte y movimientos socio-ambientales. Es curadora e historiadora del arte.

1Emanuela Borzacchiello, “Pensando en la construcción de archivos feministas en tiempos de violencia: elementos para el análisis”, en Lecturas críticas e investigación feminista, CEIICH, UNAM, 2016, pp. 345-368. 2 Borzacchiello, Emanuela, “Nuestros cuerpos son nuestros territorios”, Ágora, Revista de la Universidad, septiembre de 2018, pp. 129.
3Diana Taylor, “¡Presente! La política de la presencia” en Investigación Teatral Vol. 10, Núm. 15, 2019, p. 13.