Texto: Imelda M. Morales Ferrero*

La Bauhaus cumple este 2019, cien años de su fundación. Considerada por algunos la primera escuela de diseño del siglo XX, la Bauhaus se convirtió en poco tiempo en un icono de las artes, la estética y el libre pensamiento. Su revolución perdura hasta nuestros días, y no sólo Alemania se vuelca ahora en celebraciones, pues la huella de la Bauhaus está en todas partes; legado innovador y radical que cambió la concepción de la obra artística y la arquitectura, en un mundo cada vez más global.

Si bien los antecedentes de esta escuela se remontan al siglo XIX, la Bauhaus surgió en un momento y un lugar claves del siglo XX, simbolizando el cambio hacia la modernidad. Su esencia radicó en derribar las barreras entre las bellas artes y las artes aplicadas, y en crear una nueva clase de artistas capaces de involucrarse en varias disciplinas a la vez y de construir bajo nuevos modelos. De esta forma, la escuela buscó fusionar la estética con la practicidad de la industria moderna, buscando concebir edificios, muebles y objetos absolutamente originales y funcionales accesibles a todos los estratos de la sociedad.

Es posible identificar tres etapas en el devenir de la Bauhaus. La primera se refiere a su creación (1919-1924), en Weimar, con Walter Gropius a la cabeza y una clara influencia del Expresionismo. En la segunda, una vez instalados en Dessau en 1925, se inicia un nuevo ciclo de consolidación, con un moderno conjunto edilicio, afianzado en el Neoplasticismo primero y en el Constructivismo después; para entonces, y hasta 1930, el movimiento vive momentos de máximo esplendor. La tercera etapa se vive en Berlín, con Mies van der Rohe, de 1930 a 1933, cuando se presenta una franca decadencia e inminente desintegración, en la que fuera una vuelta al racionalismo alemán y la llegada del nazismo al poder.

Pero, ¿por qué es tan significativa esta escuela y por qué ha trascendido tan exitosamente en el tiempo?

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, Alemania se encontraba inmersa en una fuerte crisis de valores y los intelectuales de la época consideraban que la insensatez política imperante hasta ese momento era lo que los había envuelto en tal situación, a lo que buscaban responder con un racionalismo crítico capaz de resolver las contradicciones sociales; es decir, pugnaban por una nueva forma de pensar. El mayor desafío era lograr una cultura más democrática y menos egoísta; del pueblo y para el pueblo.

Hasta entonces, la creciente industrialización y el progreso tecnológico de naciones como Inglaterra y Francia ejercían, también, demasiada presión; repercutiendo en las condiciones de vida y en la producción de los artesanos y la clase obrera alemana. Contestatariamente, la Bauhaus propondría “volver a lo básico”, mediante diseños simples y armónicos, dejando atrás las formas recargadas del Art Nouveau y del Arts&Crafts, y enfatizar la idea de que “la forma sigue a la función”; rompiendo totalmente con las normas de diseño sin una base científica o práctica y con los estilos preestablecidos.

¡Formemos pues un nuevo gremio de artesanos sin las pretensiones clasistas que querían erigir una arrogante barrera entre artesanos y artistas!
Manifiesto Bauhaus. Walter Gropius. 1919.

En 1916, el gobierno alemán encargaría la dirección de las dos escuelas de arte más importantes en Weimar, al arquitecto y urbanista prusiano Walter Gropius, sin mucho éxito. Para 1918, éste regresaría de la guerra y buscaría la fusión de ambas academias, dando lugar, en 1919, a la Staatliches Bauhaus o Casa de la Construcción Estatal, la escuela de arte más moderna de su tiempo. En el Manifiesto de la Bauhaus, publicado ese mismo año, Gropius plasmaría el programa y las metas de la nueva escuela como ideario de la construcción del futuro.

Pretendiendo formar profesionales dispuestos a influir de forma determinante en la vida y el entorno de las personas, conjuntó un gran equipo de artistas y pensadores de la época. Personajes tan relevantes como Johannes Itten, Wassily Kandinsky, Paul Klee y Josef Albers, además de Oskar Schlemmer, Lyonel Feininger, Lászlo Moholy-Nagy, Marcel Breuer y el arquitecto Mies van der Rohe, se unirían a las filas del idealista y visionario arquitecto Walter Gropius en esta primera escuela. Incluso, se dice que los creadores que más innovación ofrecieron en sus campos fueron profesores de la Bauhaus.

Los cursos planteados tenían como base la gráfica, la geometría, el volumen y el color. Y las especializaciones se estructuraban en facultades de pintura, escultura, artes gráficas, textil, cerámica, madera y metal de los que saldrían generaciones de nuevos docentes con los ideales de regeneración de la industria, el comercio y el arte. Apuntando siempre al objetivo de la arquitectura como fin último de toda actividad plástica.

La Bauhaus cumple este 2019, cien años de su fundación. Considerada por algunos la primera escuela de diseño del siglo XX, la Bauhaus se convirtió en poco tiempo en un icono de las artes, la estética y el libre pensamiento. Su revolución perdura hasta nuestros días, y no sólo Alemania se vuelca ahora en celebraciones, pues la huella de la Bauhaus está en todas partes; legado innovador y radical que cambió la concepción de la obra artística y la arquitectura, en un mundo cada vez más global.

Si bien los antecedentes de esta escuela se remontan al siglo XIX, la Bauhaus surgió en un momento y un lugar claves del siglo XX, simbolizando el cambio hacia la modernidad. Su esencia radicó en derribar las barreras entre las bellas artes y las artes aplicadas, y en crear una nueva clase de artistas capaces de involucrarse en varias disciplinas a la vez y de construir bajo nuevos modelos.

 

…Deseemos, proyectemos, creemos todos juntos la nueva estructura del futuro, en que todo constituirá un solo conjunto, arquitectura, plástica, pintura y que un día se elevará hacia el cielo de las manos de millones de artífices como símbolo cristalino de una nueva fe…
Manifiesto Bauhaus. Walter Gropius. 1919.

¡El fin último de toda actividad plástica es la arquitectura!
Manifiesto Bauhaus. Walter Gropius. 1919.

Para 1930, el arquitecto Mies Van der Rohe se convertiría en el director de la Bauhaus, misma que quedaría disuelta por órdenes del gobierno local en 1932, pero Mies, en lugar de cerrarla, la trasferiría a Berlín como una escuela privada. En ese mismo año, ya en Berlín, la presión del poder se volvería inaguantable para la escuela, que cerraría sus puertas definitivamente en 1933.

En tanto que la Bauhaus resultó el intento más serio y continuado de redefinir y renovar el concepto de arte y de la arquitectura para adecuarlo a las exigencias de los nuevos tiempos en la Alemania entreguerras, según Eric D. Weitz, autor de La Alemania de Weimar, la Bauhaus representaba una política abierta, democrática y socialista, y de un diseño con estilo anónimo que, para los nazis, suponía una gran infracción.

La Bauhaus fue, no sólo una escuela de arte, sino una comunidad. Esta vida en comunidad entre profesores y alumnos fue fundamental para su enseñanza, por lo que el exilio de sus profesores significó un brutal desarraigo. Pese a todo, esto permitió que la escuela propagase su filosofía en todo el mundo. En Estados Unidos, la Bauhaus logró implantar su ideario en las grandes ciudades. Moholy-Nagy creó la Nueva Bauhaus y logró alterar el paisaje de Chicago, mientras que Gropius formó en Yale a arquitectos como I.M. Pei o Paul Rudolph, que luego sería mentor de Richard Rogers y Norman Foster.

De igual manera, el legado de la Bauhaus se extendió a otras latitudes y en buena parte tuvo que ver con un planteamiento educativo, que estableció nuevas líneas de pensamiento artístico, técnico y filosófico. Así pues, la Bauhaus, fundada en 1919, continúa inspirando el diseño moderno a través de sus creaciones audaces, minimalistas y prácticas en disciplinas como la arquitectura, diseño de interiores, diseño gráfico, tipografía y diseño industrial. En México, por ejemplo, los objetos que produjo la Bauhaus siguen inspirando a las escuelas de arquitectura y diseño, con una pedagogía de las artes basada en los principios de aprender haciendo.

Además, hay que mencionar que, en 1996, la UNESCO inscribió a la lista de patrimonio mundial los sitios Weimar, Dessau y Bernau de la Bauhaus como una reivindicación y reconocimiento al valor universal que aportó esta escuela al mundo, con un estilo internacional, de simplificación de las formas, ausencia de ornamento, y el empleo de materiales básicos como el concreto, vidrio y acero en tonos neutros y acabados naturales.

* Imelda M. Morales Ferrero es arquitecta por la UNAM y pasante del programa de Maestría en Conservación y Restauración de Bienes Culturales Inmuebles en la ENCRyM . De 2004 a la fecha, ha colaborado en distintas publicaciones mexicanas dedicadas al diseño, arquitectura y tecnología, entre las que se cuentan ADI, Habitat, Mexico Design, Construcción y Tecnología en Concreto, Glocal Design Magazine, Repentina (FA-UNAM), Archivo Churubusco (ENCRyM) y H2O.