Texto: Franco Méndez Calvillo* Foto: Banco de imágenes Shutterstock

Me gusta pensar que una mañana Picasso estando en su estudio tomando café y leyendo el periódico, quizá molesto por no encontrar alguna noticia que hablara de él, lo rompió y arrojándolo al azar, cayó al piso, sobre una de sus pinturas aún frescas. Perplejo, Picasso permaneció observando esa inusitada escena: una parte del periódico sobre su obra recién pintada. A primera vista no alcanzaba a comprender exactamente qué era aquello que su mirada captaba, pero su mente aún no procesaba.

Entonces… el milagro: en un santi-amén la energía de su cerebro se disparó, revolucionó iluminando innumerables neuronas en diferentes partes del cerebro, luces que chispeando y saltando avanzaban hasta confluir en un sitio específico del lóbulo frontal (área especializada en la apreciación de la belleza). Eran fuegos artificiales increíbles, como una diminuta aurora boreal que simulaba un pequeño Big Bang, un BigBang-cito. Quiero pensar que así se hubiese visto este evento encefálico en una resonancia magnética. Esta quasi epifanía, esta visión reveladora, condujo a una re-lectura de la obra, ahora alterada por la intromisión fortuita del trozo de periódico. Un discurso diferente en concepto y plasticidad. Un nuevo lenguaje producto de la oportunidad, del azar, de la observación, de la imaginación-creatividad, de la intensión permanente de encontrar. En fin, de su genio nació el COLLAGE.

El collage rompe, corrompe y recompone. Forma, deforma, transforma. Se conforma de diferencias y contrarios, gesta una nueva identidad. La apropiación es su guía. Desconcertar uno de sus placeres.

El carácter y temperamento de esta expresión es tan variado y complicado como para definirlo o, al menos, describirlo y quedar satisfecho. Sin embargo, me recorre un prurito ante el reto de enumerar, mas no explicar, alguno de sus componentes característicos y exponerlos. Esto lo hago desde la trinchera del artista y no como un teórico lo pudiera hacer. Mi visión es más visceral, aunque fisiológicamente es el cerebro el que comanda a los órganos.

El collage re-vuelve, r-evoluciona y resuelve. Es atrevido, intrépido. Corre el riesgo sin temer a lo absurdo o al ridículo. El humor es su ingrediente más apreciado, sobre todo el humor negro que le sienta de maravilla.

El collage vuelve lo descabellado en lógico, lo disparatado en razonable. Se ufana de ser transgresor, subversivo, combativo, pero también sutil, incluso amable. En una palabra: es audaz.

La cara lúdica del collage es de suma importancia, como lo es en el arte en general, y en esta área Matisse es inigualable. Sus cuts outs son tan divertidos como interesantes, con un juego compositivo variado y muy dinámico. El uso del color, y su dibujo, con las tijeras de por medio, es exacto y libre, muy libre. La temática en lo general es optimista. Matisse fue quizá el artista más admirado y respetado por Picasso. Dato curioso: ambos apellidos se escriben con doble “s” y los dos contienen siete letras.

Existen dos clases de collage: el homólogo que se conforma de partes de una misma imagen, y el heterólogo, que se crea con partes de diferentes imágenes.

El carácter esquizoide de esta disciplina reside en su estructura, que hace cohabitar discursos disímiles y voces diferentes a modo de un poliloquio. Musicalmente hablando semeja una polifonía que resuelve en unísono.

Al extraer orden del caos, o a la inversa, conforma nuevas historias, nuevas vidas. Su aparente incongruencia es su virtud. ¿Su motor? Descontextualizar para crear nuevos paisajes. Puede parecer grotesco, pero interesante. Puede tener una simplicidad que desconcierta. Hay cierto elemento sádico que usa para destruir como preámbulo para la reconstrucción. Desde una mirada mística debe de haber destrucción de sus partes para renacer en una nueva corporalidad.

La aparición del collage ha sido un ingrediente importantísimo en la transformación y evolución del arte. Duchamp lo entendió y también muchos otros artistas. Los diferentes ismos del siglo XX están en deuda con él; el arte instalación es un ejemplo contemporáneo de ello. La libertad que aportó no tiene precio.

Antes de que se institucionalizara formalmente y fuera bautizado como tal, ya existía en otras disciplinas: como el ballet en la danza, la música en la ópera. La literatura nos ha dado el primer ejemplo de un collage ambulante, el polisuturado Frankenstein. El mestizaje es un ejemplo más. La arquitectura no se queda atrás, tiene una historia larga en este campo; el Louvre, por ejemplo, con su combinación de elementos antiguos y contemporáneos, como piedra, cristal, metal, es un collage de peso. En medicina, los injertos, implantes, prótesis, trasplantes orgánicos, miembros artificiales de toda clase. Humanos robotizados y robots humanizados. El genoma humano es el collage por excelencia.

Tanto su creación como su lectura son un ejercicio cerebral de rapidez de sensaciones y conclusiones que hacen trabajar diferentes áreas cerebrales simultáneamente. Estas reaccionan “emotivamente” a colores e imágenes. Particularmente en la construcción de un collage de rostros, la simetría perdida provoca “incomodidad” al cerebro, el cual ha evolucionado acorde a la simetría: busca el camino más fácil, la asimetría lo saca de su zona de confort, le cuesta más trabajo encontrar un nuevo camino, una lógica diferente con la cual convivir. Adaptarse es sobrevivir.

Un cerebro aburrido se aniquila, pierde elasticidad. El cerebro que trabaja se fortalece y revitaliza funcionando con más facilidad. A mayor deformidad (asimetría) se requiere de más trabajo y más tiempo para clasificar imágenes. En estas circunstancias, el collage es un buen ejercicio para fortalecer el cerebro.

Podemos comparar el collage con nuestra sociedad actual catalogada como Sociedad Border Line: ambos son polimorfos y presentan afectos encontrados pero coincidentes, situándose al borde de la neurosis o psicosis.

A través de esta técnica, se pone en evidencia una cantidad enorme de posibilidades compositivas, dado el dinamismo inherente a su singular corporeidad y a la facilidad de adquirir elementos para incorporar.

El collage no es elitista, no hay racismo en él todo lo acepta nada rechaza todo le es útil todo puede ser incluido en su hábitat en un momento dado. El collage es un campo libre de fronteras y aduanas. Romper el cordón umbilical con la tradición fue un acto mayor de

L I B E R T A D.

*Franco Mendez Calvillo practicó la medicina por 25 años, separándose amigablemente de ella para dedicarse a las artes visuales. Es también músico aficionado. Sus temáticas han girado en torno a la emigración y la violencia asociada a la delincuencia organizada. Su última exposición, De-Funciones, basada en los manuscritos originales de la obra teatral “Música de balas” del maestro Hugo Salcedo y curada por Adriana Martínez Noriega, se presentó en el Centro Cultural Tijuana (CECUT) en 2018.