Texto: Nancy Jarquín Hernández*

Fotos: Shutterstock

El arte pop es un movimiento que nació en el siglo pasado, o sea en el siglo XX, y sus pininos fueron en Inglaterra en los años 50, y una década después impactó en Estados Unidos. Este movimiento tenía la peculiaridad de tomar imágenes, objetos, accesorios o moda de uso cotidiano; los sacaba de su contexto inmediato y resaltaba una característica o rasgo común mediante luminosidad o aditamentos que generaran esa descontextualización, dando la impresión de provocar una sátira o en algunas ocasiones, cierta ironía. Fungía como medio de expresión frente el consumismo masivo que estaba en auge.

Las imágenes debían tener ciertas características; una de ellas era que debían impactar y la gente tenía que responder al voltear a verla. Este punto era importantísimo puesto que su foco era obtener atención y poder suscitar una crítica sobre el consumismo, materialismo o “la tendencia” (como sería hoy en día). El espectador, al voltear, tendría una respuesta a dicha modificación que se le hizo al objeto o imagen, que era de uso común y, al darse cuenta de lo exagerado o descontextualizado de esta imagen, se obtendría mayor atención al contenido lo cual “despertaría” al espectador o consumidor, promoviendo, en algún punto, ciertos cuestionamientos. Piénsenlo…

¿Se han dado cuenta de los carteles que hay en el baño de la universidad?, al menos en el de mujeres. Muero de la risa cada que voy y veo el dibujo de la chica de los años cincuenta, sí, ésa que se plasmaba como un ideal de belleza y feminidad, que te pide que jales la palanca del baño y, bueno, al menos inspira. Pues justamente ése es el punto, descontextualizar esa imagen que podemos encontrar en las revistas de nuestras abuelas, que era representada como “la mujer ideal”. Y es que, ahora (pareciera decirnos el cartel) la mujer ideal es aquella que deja limpio el baño después de usarlo.

Pero no solo se trata de descontextualizar y llamar la atención, sino también de generar controversias. Una de ellas es tirarle durísimo a los cánones de belleza de las artes. ¿Cómo se hizo esto? Varios exponentes del movimiento, entre ellos Andy Warhol, tomó objetos comunes como la famosa lata de sopa Campbell’s, la reprodujo en grandes formatos y la explotó como arte, aprovechando el consumismo y criticando a la sociedad, así generó una nueva veta dentro del arte moderno. ¡Qué irónico! Él se convirtió en arte pop.

Y no vayamos a otro momento histórico o país. Hoy día, dentro del folklore mexicano, lo podemos apreciar en cualquier esquina, ya sea en una imagen súper popularizada del Chavo del ocho en pro de la defensa de los derechos o bien, haciendo alusión a nuestras tradiciones que se han convertido en un referente a nivel mundial. Ejemplo de esto son las calaveras de azúcar, que ya cualquier persona ajena a nuestra cultura la trae tatuada en el brazo o la utiliza como logo para hacer referencia a algo que está “como para morirse” o simplemente, al ser bonita y colorida, para llama la atención. Otro referente es la imagen de Frida Kahlo, la cual se ha convertido en nuestra Marilyn Monroe, pero claro, tropicalizada y popeada, con una imagen súper explotada y con mil variantes.

En fin, esto no es un fenómeno de las generaciones de nuestros abuelos, padres o, incluso, de la de nosotros, sino que es un legado que va a seguir manifestándose, al menos mientras sigamos siendo unos consumidores empedernidos con necesidad de ser expuestos.

* Es psicóloga, egresada de la Universidad Franco Mexicana, con una especialidad en intervención clínica en niños y adolescentes por parte de la UNAM. Actualmente brinda consulta privada y ejerce como docente en diversas universidades (entre ellas, la Universidad de la Comunicación).