Texto: Alma Cardoso Martínez** Fotos: Cortesía de Impronta Lab y Punto Seis Banco de imágenes Shutterstock

Ser artista es una forma de trabajo. La visión romántica del artista genio incomprendido que vive miserable y fuera de la estructura social para no sacrificar su “visión personal” perdura en la actualidad y da pie a una forma de vida precaria. La figura del entrepreneur, modelo del trabajador del siglo XXI, toma parte en el campo artístico y se mezcla con la visión del creador romántico para dar como resultado un artista emprendedor precarizado que expande sus actividades para intentar subsanar las omisiones del sistema y solventar los problemas del hiper-competido mundo del arte. En este contexto, los espacios alternativos se entienden como la nueva forma en que los artistas se organizan para autogestionarse y dar cabida a sus producciones, supuestamente, para abrir mercados más allá de las tendencias mainstream.

Puebla no es la excepción. Los artistas entran al mundo laboral con un conjunto de recursos que ponen sobre la mesa para construirse una forma de participar en el sistema. Las condiciones particulares de Puebla, en el sentido amplio, están modeladas por las políticas desarrollistas de sus últimos gobiernos, el exceso de oferta de educación artística y la relación periférica que ha establecido con la Ciudad de México, generando un paisaje ríspido en lo relativo a espacios para el arte contemporáneo. Para abordar el tema, el presente texto recrea una conversación con Luis Calvo, artista contemporáneo residente en Puebla que ha estado vinculado con la mayoría de los espacios independientes de los últimos quince años en la región y que también coordina la licenciatura en artes plásticas en una de las seis instituciones que ofrecen estudios en arte en Puebla.

Alma: ¿Cuáles son los espacios de exhibición donde es posible encontrar arte contemporáneo en Puebla? Entendiendo al arte contemporáneo como un dispositivo de re exión crítica y no como un producto decorativo o símbolo de estatus.

Luis: Este semestre, para una clase que imparto, pedí a los chavos que mostraran sus resultados en una exposición, para que así tuvieran la experiencia—aunque escolar— de administrar un evento, invitar al público y hacer un ejercicio completo. Tu pregunta está chida porque me obliga a decirte que no encontré a dónde llevarlos. Está Impronta Lab, que veo como un gimnasio, un lugar para hacer round de sombra. Simplemente este fin de semana tendrán seis actividades. El otro espacio que también pienso como gimnasio es Zona Autónoma, pero, casualmente, también le pidieron el espacio para el mismo día que yo, entonces me quedé sin opciones [risas]. La expo literalmente será en el patio del edificio donde vive una de las alumnas. Haremos una muestra de un día. Daremos un par de caguamas y al día siguiente se tendrán que llevar sus cosas porque no encontramos más. Yo estoy metido en este circuito e intento estimular que surjan estos experimentos, pero enfrento el problema de que no encontré más lugares. Se me acabaron los espacios en tres segundos.

Alma: ¿Cómo entiendes la función de un gimnasio de arte contemporáneo? ¿No crees que corren el riesgo de ser tan laxos que no concreten una línea, haciendo que todo lo que se muestre ahí se perciba como demasiado ligero?

Luis: Unos lugares más que otros. No en todos los gimnasios hay buenos boxeadores, hay unos que también se hacen gueyes. O unos que intentamos hacer box y fuimos dos meses y nunca más volvimos. Pero siempre hay alguien ahí que sí da buenos chingadazos, entonces me parece que tampoco es tan mala la apertura. La ligereza es responsabilidad de quien administra el lugar.

Alma: ¿Con cuáles espacios experimentales de Puebla has participado?

Luis: En casi todos. El único de los actuales con el que no he participado es Punto 6. De los espacios que existieron antes, cuando recién egresé o después, recuerdo LAALvaca. Aunque con ellos no participé como artista porque ya eran muy grandes, sí fui a sus exposiciones. Luego me tocó el [espacio] 6×6, y, de hecho, cuando Diana [Córdoba] e Isaac [Muñoz] se fueron a Venecia, platicamos la posibilidad de continuar el proyecto, aunque al final no lo concretamos. También participé en El Cabaret que existió antes de 6×6, así que creo que he tenido que ver con casi todos. Y ahorita de los nuevos, ¿cuáles son?

Alma: Impronta Lab, Proceso Abierto…

Luis: En Proceso Abierto no he expuesto. Yo lo veo como un espacio que intenta tener proyección institucional, que coquetea con la idea de proyecto alternativo, aunque en realidad sus prácticas son de galería o taller. Ahí la exposición sucede porque teje un conjunto de relaciones económicas.

Alma: ¿Dices económicas porque las piezas están a la venta?

Luis: No solo por eso, una de las cosas que hemos platicado es que los espacios alternativos o independientes no intentan la independencia económica o institucional, sino administrar un tipo de lenguaje que les interesa. Hay lugares a los que, si les ponemos el título de galería, funcionarían igual y no se supone que sea así.

Alma: ¿Qué hay de la influencia de los espacios educativos de Puebla en la lectura del éxito o fracaso de la escena actual? Pienso especialmente en la UDLAP (Universidad de las Américas Puebla) y en la historia del arte mexicano que ahí se contó, y que partía de la idea neoliberal del artista como entrepreneur que al egresar funda en colectivo un espacio alternativo porque tiene que autogestionarse.

Luis: Esa es la forma en la que planteamos las cosas saliendo de la universidad sin darnos cuenta de que es la lógica de ser tu propio cajero en el banco, ¿no? [risas], porque cuando salgas no va a haber chamba a menos que seas un tipo, aparte de brillante, con una capacidad de relaciones sociales increíble. Se juntan varias cosas fundamentales, al menos en Puebla. Una, la profesión artística que trabaja constantemente criticando a la institución de arte, genera que sus productores se precaricen. Voy a decirlo bonito: hay una forma de entender la profesión expandida hacia el mundo de la economía y del trabajo. Segunda, la ciudad de Puebla, y esto es un clichezazo pero es neta, es una ciudad de paso demasiado cerca del DF. Entonces, no estamos pensando en qué hacemos para construir localidad, sino en cómo le hacemos para que el DF nos vea.

Hay un desajuste geográfico que permea en las lógicas del qué, cómo y para qué se produce. Así, todo mundo hace cosas que no se parecen a cosas de Puebla porque, además, se tiene la visión de irse en cuanto sea posible. Con Eduardo Ramírez planteábamos la analogía de los espacios de Puebla como trampolines, que han tejido redes de trabajo pero que cuando ya no funcionan, se apuntan en el curriculum, y eso lleva a hacer residencias en Italia, a tener un posgrado en no sé dónde o a meterte en políticas culturales de la ciudad. Y la última, es que las políticas culturales de Puebla han dejado de ver al estado como un contexto rico en sí mismo para entenderlo como un contexto viable para la importación.

Alma: Cuando eras estudiante de artes, ¿crees que hizo falta una reflexión más profunda dentro de las universidades sobre cómo un espacio independiente, supuestamente alternativo o de resistencia, participa del sistema económico desde el arte?

Luis: Esto es a título personal. Cuando egresé y nos planteamos poner un espacio, no lo imaginábamos como forma de resistencia o de alteridad; estoy casi seguro de que todos pensábamos que era una forma en la que nos podíamos legitimar. No nos interesaba estar en contra, era una forma de subirnos al tren del éxito.

Alma: Porque ya se había estudiado ese movimiento cuando sucedió en la ciudad de México…

Luis: Eran nuestras referencias, que ahora también vemos que son de esos tentáculos de la institución económica del arte: Temístocles 44, La panadería, Salón des Aztecs, las Pecanins. Para armarla había que poner nuestro espacio independiente. Fue hasta que lo operamos que empezamos a tomar decisiones sobre las prácticas a las que queríamos dar visibilidad. Para mí, fue hasta que fundamos Don Apolonio, avanzado el nuevo milenio, que reflexioné los objetivos con los que trabajaba. Lo mismo sucede con los artistas más jóvenes que ahora están poniendo sus espacios. Quieren ser exitosos en una clave que no existe en Puebla. Por ejemplo, no veo intención de generar una práctica con su barrio, lo que también tiene que ver con un error semántico de cómo se entiende la colectividad. Los artistas, por lo general, piensan en crear lazos de afecto para producir relaciones laborales y no posicionamientos políticos para generar condiciones sociales. Nos han educado para pensar que lo que tenemos que hacer son lazos de trabajo efectivos para poder exponer.

Alma: Si tenemos una crisis de espacios, y los que están siguen la lógica de legitimación o trampolín, si cada vez son más efímeros, más pequeños y con obras más improvisadas, ¿qué pretendemos al continuar con esta actividad?

Luis: Es parte del engaño y tiene muchas capas. Noto que las escuelas de arte están cada vez menos ligadas a procesos políticos. Cuando la carrera de artes de la UDLAP estaba bajo el ala protectora de Alberto López Cuenca, nos interesaba la calle, caminar, ver el contexto. Después, llegaron artistas más apegados a la tradición de una pintura preciosista. De ahí viene una generación que se olvidó que podía trabajar con imaginarios y vincularse con la gente, y volvieron al estudio. Eso sucede también en otras universidades, hay un interés mayor por ver al arte como imagen decorativa, y a ello se cruza el que las políticas culturales del Estado se usan como herramienta para la especulación. Así, el contexto se vuelve confuso porque pintar ya no es intentar poner en otras palabas un tema, sino reafirmar la estructura de poder que administra el imaginario.

Alma: Y desde este breve recuento, donde para el arte contemporáneo más político, tenemos proyectos gimnásticos y efímeros ¿crees que haya otra manera de pensar nuestro trabajo a futuro?

Luis: Aunque la situación ahora no es del todo chida, ha provocado. No es que no pasen cosas. De hecho, pasan muchas, pero hace falta el escalón siguiente. Tenemos a la universidad que inicia prácticas sobre diferentes lenguajes, luego están los espacios de los que hemos hablado, estas moléculas hirvientes. Ahora hacen falta formas de condensarlas en algo más complejo, que estructure galerías, exposiciones, espacios estructurados y canales de contacto más institucionales, pero no gubernamentales. Lo que hace falta nos toca a los que fuimos parte de algunas de esas iniciativas. Estamos tomando el lugar de quienes fueran nuestros profesores, lo que significa que todo va a acabar más chueco [risas]. Creo que siempre mal aprendemos—de los que leímos, de los que nos instruyeron sobre lo que leyeron—, mal aprendemos cuando comunicamos, y todavía nos añaden criterios complejos para leer el presente… Pienso que, en ese mal aprender, nos hacen falta anclas para poder condensar otros tipos de prácticas, chuecas, como todas, pero nuestras.

Alma Cardoso: Entonces estás de acuerdo con que falta pensar en institución desde estructuras nuevas o propias. No religarnos a las que ya hay, sino promover el trabajo de curadores, críticos, espacios y prácticas que cohesionen el trabajo artístico.

Luis Calvo: Sí. Ser totalmente outsider no es algo propio de nosotros. No somos así. La dimensión de lo que hacemos en términos de trabajo se tiene que releer desde la base, mal aprender sobre las instituciones y así malograr otras instituciones.

Alma Cardoso: En la plática que tuvimos con Ana Cadena en el Museo Amparo sobre el trabajo artístico de Puebla y Monterrey, hablábamos de la necesidad de desaprender, y sostuvimos que ello significaba cuestionar los modos en que opera la maquinaria de lo que nos han enseñado a hacer para saber para quién estamos trabajando y si estamos de acuerdo con seguir participando de ello.

Luis Calvo: Pienso que palabras como desobediencia o travesura son un tipo de lenguaje cotidiano que tiene retóricas más efectivas. Más que indisciplina o desaprendizaje, me gusta la palabra desobediencia porque reconoce que se está dentro de un sistema, no se niega. Y aunque se quiera tirar, reconoces que necesitas un chance para irte de fiesta. Mi intención es, más que ganar el permiso, incidir en las dinámicas de administración de los recursos. La indisciplina o el desaprendizaje plantean una lógica de relación codependiente. Para mí, desde ahí es que hay que pensar los espacios del arte contemporáneo en Puebla.

El teatro y la reconfiguración disensual
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*Luis Calvo Zanabria (Oaxaca, 1983). Se licenció en Artes Plásticas por la Universidad de las Américas Puebla y del máster en Comisariado de Arte en Nuevos Medios por la Universidad Ramon Llull en Barcelona. Desde el 2006 trabaja en colaboración artística con Elizabeth Flores y su obra se ha presentado de forma colectiva e individual en diversas sedes a nivel nacional y a nivel internacional en países como Estados Unidos, Hungría, Ecuador, Puerto Rico, entre otros. Ha colaborado y participado en la creación de proyectos de gestión cultural como ARS Acción y Desarrollo Cultural A.C., Don Apolonio presenta y Estudios Abiertos Puebla Cholula. Actualmente es coordinador académico del programa de Artes Plásticas de UNARTE (Universidad del Arte), Puebla.
**Alma Elena Cardoso (Puebla, 1984). Es investigadora y curadora especializada en arte contemporáneo. Estudió la maestría en Teoría del Arte Contemporáneo en la Autónoma de Barcelona, la maestría en Estética y Arte en la Autónoma de Puebla, y la licenciatura en Historia del Arte en Casa Lamm. Sus temas de investigación se enfocan en el trabajo artístico en la globalidad, la teoría feminista de la reproducción social y la curaduría decolonial. Ha coordinado exposiciones en diferentes museos y galerías en la Ciudad de México, Puebla, Barcelona, Avinyó y San José. Actualmente colabora en la coordinación editorial del suplemento digital de crítica cultural Klastos y escribe regularmente para la revista de teoría de arte contemporáneo Entkunstung.