Texto: Maribel Escobar Varillas*
Fotos: Mónica Mayer | Víctor Lerma |Maribel Escobar Varillas | Jorge Arreola Barraza
Video: Jacqueline López Ramírez

 

Con un trabajo artístico de ánimo crítico y contestatario, lleno de vitalidad y humor, Mónica Mayer (México, 1954) es un referente del arte feminista mexicano. Su práctica, desde sus inicios, ha subrayado la importancia de lo colectivo en la construcción de otros modos de habitar el mundo y, en este sentido, ha formado parte de múltiples iniciativas que pugnan por impulsar transformaciones en ámbitos diversos, desde las instituciones hasta las esferas íntimas y personales. Acercarnos a su experiencia y a su obra nos lleva a reflexiones variadas y ricas de sentido en torno a las maternidades, la muerte, los afectos, la vejez, y el papel de las mujeres en el arte. En complemento, su trabajo nos empuja a lindes en los que es necesario repensar las prácticas artísticas para situarnos en los procesos, en el hacer cotidiano y en lo performativo como ejes.

Interesadxs en compartir su experiencia, conversamos con esta fundamental artista feminista. Nos recibió en su casa-estudio –un espacio en el que el archivo y el arte coexisten sin separación con la vida cotidiana– para hablar de su trayectoria: el comienzo, sus motivaciones, así como de parte de sus proyectos y perspectivas actuales.

LOS INICIOS: LUCHAR POR UNA VISIBILIDAD

La Academia de San Carlos, donde Mayer se forma como artista visual de 1972 a 1976, es el espacio en el que comenzó sus cuestionamientos sobre la ausencia o nula visibilidad de las mujeres en el arte. Dicho contexto se encontraba lleno de prejuicios en torno a las mujeres, de forma que la falta de estudio y reconocimiento hacia el trabajo de las mujeres era la norma. A propósito relata: “Podía ser la mejor artista del mundo. Podíamos ser las mejores artistas del mundo, pero vivíamos en un sistema (que nos invisibilizaba) y me di cuenta que había que había que cambiar la sociedad para que nuestro trabajo se pudiera ver (…) Ese ha sido el objetivo”.

Afortunadamente, en los inicios de ese camino estuvo acompañada de una generación que buscaban dar la vuelta a dicha norma y en conjunto cuestionar lo que es y significa ser mujer, qué determina el arte hecho por mujeres, así como generar espacios para el diálogo colectivo y para visibilizar sus posturas y experiencias. En este desafío por lograr un espacio propio desde el que ser escuchadas, se encontraban también Rowena Morales y Magali Lara, por mencionar a dos compañeras de su generación.

Justamente ante la importancia del intercambio y del cruce de perspectivas, para Mónica Mayer fue decisiva su experiencia posterior, entre 1979- 1980, en The Feminist Studio Workshop en The Woman’s Building de Los Ángeles. En este espacio experimental fundado, por Judy Chicago, Sheila Levrant de Bretteville y Arlen Raven su trabajo se nutrió del diálogo y en él tomó relevancia el feminismo, lo procesual y lo performativo.

Más tarde, de vuelta en México a inicios de la década de los ochenta, impulsó iniciativas colectivas feministas como Tlacuilas y retrateras y Polvo de Gallina Negra. En el primer caso se trata de un grupo originado de un Taller que Mayer impartiera en 1983 en San Carlos, al cual se sumaron Ana Victoria Jiménez, Karen Cordero, Nicola Coleby, Patricia Torres, Elizabeth Valenzuela, Lorena Loaiza y Ruth Albores.

En el segundo caso, la también artista conceptual mexicana Maris Bustamente sería cómplice de Mayer en una propuesta que buscó, entre 1983 y 1993, problematizar los discursos hegemónicos en torno al papel de las mujeres en los medios de comunicación y en el arte en México. Para Polvo de Gallina Negra, la sátira y la ironía serían sus herramientas para incidir frente a grandes audiencias y repensar arquetipos como el de la Madre. Respecto a esto, en entrevista, Mayer comenta:

“¿Cómo hablas de estas temáticas en un país como México, sin confrontar? No tengo nada en contra de la confrontación, pero creo que hay que utilizar distintas estrategias (…) y el humor te destantea”.

EL TRAYECTO: LO COLECTIVO Y EL ARCHIVO COMO EJES

La práctica artística de Mayer tiene uno de sus pilares en lo colectivo y en el deseo de compartir y de contribuir. De allí que la mayor parte de su obra se genere en plural, como es el caso del proyecto que la ha acompañado desde 1989 a la actualidad: Pinto mi Raya, un proyecto nacido de la complicidad, los afectos y el deseo de “lubricar el sistema artístico”.

Esta iniciativa, en dupla con su compañero de vida y de trabajo, el artista Víctor Lerma (Tijuana, 1949), nació como galería de autor y pronto se convirtió en un proyecto de arte conceptual que ha servido de contexto para gestar obras de largo aliento.

Una de las obras de larga duración más emblemáticas de Pinto mi Raya es la conformación de un archivo que al día de hoy es motor y plataforma de su práctica artística. Para Mayer, en específico, el archivo ha tomado relevancia como espacio para crear otras narrativas, para sembrarlas y permitir que el trabajo de memoria potencie que voces diversas emerjan y sean escuchadas en narrativas heterogéneas. En este sentido, para el feminismo el archivo se ha convertido en un campo de batalla fundamental.

En sintonía, Mayer ha propuesto obras como Archiva. Obras maestras del arte feminista en México (2013), un archivo portátil que reúne 76 obras que considera esenciales para el feminismo mexicano y Raya: Crítica, crónica y debate de las artes visuales (1991- 2016), proyecto en el que Lerma y Mayer han reunido por 25 años notas críticas y noticias en torno a las artes visuales en periódicos nacionales. Este archivo es hoy una referencia en la construcción de memoria y es una herramienta para cuestionar y construir la(s) historia(s) del arte mexicano.

En concordancia con su labor de memoria, dentro de los pilares del trabajo colectivo y personal de Mayer se encuentra la crítica institucional, apuntando hacía las problemáticas y proponiendo soluciones con el objetivo de que las cosas cambien y se generen espacios más plurales, inclusivos y equitativos. Como comenta: “Si lo que quiero es cambiar la sociedad, tengo que cambiar las instituciones, tengo que cambiar el mundo académico”.

Este proceso crítico y de llamamiento a la organización colectiva lo ha realizado desde lo artístico y desde su participación activa en variadas plataformas públicas como los medios impresos. Al respecto, subraya el peso que tiene la escritura dentro de su trabajo y nos menciona uno de los proyectos en los que trabaja actualmente: la próxima publicación del libro Intimidades… o no. Arte vida y feminismo. La edición, realizada por Julia Antivilo y Katnira Bello, nos permitirá adentrarnos a textos escritos por Mayer a lo largo de cuatro décadas, y con ellos profundizaremos no sólo a la trayectoria de la artista, sino también en la de distintos personajes sobre los que ha escrito o que han formado parte de su recorrido. La publicación independiente, que estará disponible este 2020, se materializará al más puro espíritu feminista: a través de la colaboración y la suma de muchxs.

EL FEMINISMO SIGUE SIENDO FUNDAMENTAL

En retrospectiva, Mayer reflexiona: “no cambiamos todo pero logramos cambiar algunas cosas”, refiriéndose al camino andado desde hace cuarenta años y a la situación actual. Estos cambios se han gestado de forma colectiva a partir de distintas herramientas que se van construyendo y que luego pueden ser usadas colectivamente e incluso transgeneracionalmente para generar discusión y fortalecer la causa feminista.

Para Mayer, en este aspecto, una de sus obras que más eco ha tenido, ya que ha servido como herramienta para visibilizar problemáticas y fortalecer lo común es El tendedero. Esta obra surgió en 1978 y en los últimos años, bajo el acompañamiento de Mayer, ha sido reactivada en distintos contextos, culturas y comunidades para evidenciar el acoso en primera persona. Se trata de un dispositivo de denuncia y para compartir experiencias, “un #metoo prehistórico”, nos dice la artista. Al respecto, pondera la importancia de la participación y anima a la consideración de los contextos particulares, en los cuales es vital pensar el feminismo de forma transversal con otras desigualdades, como clase y raza.

Mónica Mayer insiste en la importancia del feminismo en un contexto actual en el que la desigualdad en el día a día, más allá de las leyes, sigue siendo enorme. Por este motivo, le emociona ver a las nuevas generaciones feministas proponiendo estrategias, construyendo otras herramientas e implicadas en la lucha de crear un mundo sin violencia de género: “Una juventud que se está creyendo que tiene poder y que en sus manos está el poder de cambiar las cosas”. La artista cierra su intervención, nutrida y generosa, haciendo un llamado a lxs jóvenes a “que le entren”, que se involucren y a que a través del feminismo imaginemos todxs otros mundos posibles. “Si nos costó 10,000 años construir el patriarcado, nos va costar un rato deconstruirlo“.

Mónica Mayer el feminismo es fundamental porque sigue habiendo una gran desigualdad por Maribel Escobar Varillas Foto de Victor Lerma Revista ANTiDOGMA Universidad de la Comunicación UC
Mónica Mayer el feminismo es fundamental porque sigue habiendo una gran desigualdad por Maribel Escobar Varillas Foto de Victor Lerma Revista ANTiDOGMA Universidad de la Comunicación UC
Mónica Mayer el feminismo es fundamental porque sigue habiendo una gran desigualdad por Maribel Escobar Varillas Revista Foto de Jorge Arreola Barraza ANTiDOGMA Universidad de la Comunicación UC
Mónica Mayer el feminismo es fundamental porque sigue habiendo una gran desigualdad por Maribel Escobar Varillas Revista Foto de Jorge Arreola Barraza ANTiDOGMA Universidad de la Comunicación UC

* Historiadora del Arte que se desempeña en la investigación, gestión y curaduría con un especial interés en los archivos como espacios privilegiados para acercarse a la complejidad y matices de las prácticas artísticas contemporáneas.