Texto: Georgina Sánchez Celaya* Foto: Athenea Vitorin Video: Miriam Cinthia Cerna Rosales

Humildad. El segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan fue el primero organizado enteramente por las compañeras zapatistas, mujeres indígenas de varios colores y calibres. Mucho antes del estallido del conflicto el 1 de enero de 1994 nuestras hermanas de origen tzeltal, tzotzil, tojolabal, chol etc. habían dado muestra de su gran fuerza y capacidad de organización con la creación de la Ley Revolucionaria de las Mujeres aprobada el 8 de marzo de 1993. Ellas, las mujeres indígenas, han sido parte fundamental de la organización y la resistencia que simboliza el EZLN. No obstante, a pesar de su largo caminar, con gran humildad, reconocieron: “ESTAMOS APRENDIENDO”

Empatía. En el discurso inaugural que dio la comandanta Amanda, con palabras de apapacho, agradeció nuestra presencia. “LO SABEMOS BIEN QUE SUFRISTE PARA LLEGAR HASTA ACÁ” –nos dijo– sabemos que han dejado a la familia y amigos y de los apuros económicos para “conseguir la paga” del largo viaje hasta el caracol. Así, desde la empatía, la comandanta reconoció el esfuerzo de las más de 3,200 mujeres asistentes de toda la República y el mundo, quienes hicimos un esfuerzo por ir a encontrarnos

La digna rabia. Dos días del encuentro estuvieron enteramente dedicados a ESCUCHARNOS. Micrófono abierto, cámara en mano operada por “las tercias compas”, miles de mujeres con suma valentía dieron su testimonio y denunciaron a los hombres que nos violentaron desde el seno familiar hasta las instituciones y autoridades patriarcales corruptas que continúan propiciando y propagando la violencia hacia las mujeres. No estamos enojadas, estamos rabiosas y cada que una estación de policía arde o un monumento es grafiteado con una pinta feminista o un grupo de mujeres corea el “Himno zapatista” o performancea “Un violador en tu camino” se expresa la DIGNA RABIA, ese derecho a estar furiosas por la violencia estructural que nos atraviesa a todas.

Autoorganización. No fue necesario dictar un programa para cada día u organizar actividades de forma normativa. Las compañeras zapatistas adecuaron los espacios, proveyeron de material, cocinaron nuestros alimentos de todos los días y resguardaron el caracol para que tuviéramos un espacio seguro para organizarnos y discutir. Cada asamblea era propuesta y anunciada, y las mujeres interesadas se unían para escuchar y dar su punto de vista. Así fue que, mediante la AUTOORGANIZACIÓN, hubo mesas sobre prostitución, trata y trabajo sexual, mujeres y cannabis, el tren maya, la violencia en Guadalajara, maternidad, mujeres audiovisualas, redes feministas en el Estado de México, feminismos mediáticos, mujeres bordadoras, compas anticorporativistas y mesas que reunieron a las hermanas de Brasil, Argentina, Centroamérica y otras latitudes del globo.

La danza colectiva y el grito de liberación. Y al tercer día empezamos a danzar. Recurrimos al arte y al jolgorio para aliviar nuestras corazonas, fueron las hermanas y compañeras zapatistas quienes así lo propusieron. El día comenzó con una danza ritual masiva de Egipto en la que cada una de las mujeres participantes representó a una mujer asesinada o desaparecida. En medio de la danza gritamos sus nombres, Dany, Mariana Lesvy, Miroslava, Isabel… lloramos y, al final. recurrimos al abrazo dual y colectivo para sanarnos porque sólo podremos sanar si es un lugar seguro. La jornada continuó con teatro, música, danza, performance, exposiciones, talleres y todo tipo de expresiones artísticas encaminadas a liberarnos y reconfortarnos.

* Maestra en Historia del Arte con especialidad en Estudios Curatoriales por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Actualmente es Coordinadora Académica del Instituto de Investigaciones Estéticas sede Oaxaca. De 2017 a 2018 se desempeñó como Jefa de Investigación de “M68: Ciudadanías en Movimiento”.