Texto: Marianna Carrión Cacho*

Ser la primera generación de algo siempre resulta un experimento interesante. Me acuerdo de nuestros primeros días de clases. Once adolescentes que no teníamos nada en común más que el amor al arte, en cualquiera de sus manifestaciones. Nos creíamos intelectuales. Nos costó poquito tiempo darnos cuenta de que no sabíamos nada de nada, nos faltaba todo que aprender. Aunque no entendíamos muy bien que era eso de la Gestión Cultural, teníamos por seguro que lo descubriríamos sobre la marcha cursando los semestres. No estoy segura de que saliéramos sabiéndolo finalmente. Creíamos que nos serviríamos la Cultura con la cuchara grande. No ha sido tan fácil como eso, pero, me alegra contarles que, con todo, somos buenos gestores culturales y ni que decir de las generaciones atrás de nosotros que cada vez lo hacen mejor y mejor. Seguimos picando piedra y estamos abriendo brecha para cuando nuevos gestores vengan a sumarse con nosotros. Tengo mucha suerte. Desde que me gradué, en 2011, me dedico a la gestión cultural y me encanta mi profesión. Mi primer trabajo, recién salí de la Universidad, fue haciendo comunicación para el Patronato y la Sociedad de Amigos de la OFUNAM. El término “Community Manager” ni estaba de moda ni éramos tan pro como los community de ahora, que son comunicadores, investigadores, diseñadores, mercadólogos e ingenieros en sistemas, todo al mismo tiempo. Dentro de las paredes de la maravillosa Sala Nezahualcóyotl, gané una gran pasión por la música sinfónica (que, por cierto, me ha traído a donde estoy ahora) y mi primer acercamiento real a la recaudación de fondos. No quiero aburrirlos con detalles, pero el Patronato hace una gran labor para que la orquesta sea una de las mejores del país y del mundo.

Al tiempo salté de la música a la literatura en el lugar al que todo gestor cultural recién egresado considera “las grandes ligas”: CONACULTA que evolucionó a la actual Secretaría de Cultura. Entré coordinado las actividades para profesionales de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil -FILIJ- y bueno, ahí aprendí de logística y de producción para llevar a cabo eventos gigantes y hasta ahora no dejo de admirar al equipo que hace posible la Feria que, para nada, nunca se lo crean, son ineptos. Ya estarán al frente de grandes equipos y verán lo valioso que es el trabajo de cada elemento para que todo salga. La FILIJ ha sido mi mayor lección de trabajo bajo presión, trabajo en equipo y satisfacción del resultado.

Mi trabajo en la FILIJ me llevó después a Fundación SM México, a la que le debo mis más queridos logros profesionales y mis mejores colegas y amigos. En la Coordinación de Proyectos de la Fundación, aprendí a gestionar proyectos culturales desde su concepción en un Excel hasta la entrega de un reporte de resultados, pasando por la logística y la ejecución. También fue la primera vez que involucré a la Universidad en uno de mis proyectos profesionales. El Espacio Arterial de la UC le abrió las puertas a la exposición del quinto Catálogo Iberoamérica Ilustra, que realiza la Fundación en conjunto con la Feria Internacional del Libro de Guadalajara -FIL- y que entonces venía recién desempacada de Taipei.

Ahora estoy de regreso en la música trabajando como gestora de Proyectos Especiales en el Auditorio Nacional. Desde esta área se coordinan las temporadas de transmisiones en vivo desde el Met Opera de Nueva York y también las del National Theatre de Londres, entre otras cosas. El Auditorio es, como dijo hace unos días el Coordinador Ejecutivo (titular de la Institución), un reloj suizo. Todas las áreas, ya sean administrativas u operativas trabajan diario con mucha precisión para que cada noche el público disfrute al máximo de los espectáculos y el Met no es la excepción. Para que estas transmisiones sucedan hay detrás un gran equipo tanto en Nueva York, como en México. Es una gran experiencia para los amantes de la ópera, las producciones del Met son impactantes. El Auditorio Nacional es el recinto que más entradas vende de este proyecto a nivel mundial. Tenemos 3 antenas satelitales de 5 metros de diámetro cada una, que reciben la señal desde el Lincoln Center. La pantalla donde se proyectan las óperas es una UHD (Ultra-Hi Definition) de 17.90 X 9.80 metros; con una superficie de proyección de 195.02 metros cuadrados. En palabras menos técnicas, nuestra pantalla cubre el total de escenario en longitud y altura. Utilizamos 2 proyectores de la más alta tecnología láser resolución 4k y UHD (Ultra Hi Definition), cuya potencia es 10 veces mayor que en el cine, superando la tecnología IMAX en tamaño y nitidez.

Recientemente, el pasado 30 de mayo de 2019, la Universidad volvió a abrirme las puertas de sus instalaciones para compartir, por primera vez, una probadita de cómo se viven las transmisiones del Met Opera en el Auditorio, con la proyección de Carmen en el foro UC. Nos encanta pensar que, a raíz de esta iniciativa, hayan podido generarse nuevas audiencias y que pronto los veremos compartiendo con nosotros una transmisión completamente en vivo. Nos dará mucho gusto recibirlos. Estoy escribiendo esto, pensando en que me están leyendo ustedes que estudian en la Universidad de la Comunicación o quizá desde otra trinchera, y me emociona saber que pronto leeré sus nombres haciendo grandes transformaciones, mientras “viven de sus ideas”. ¡Abrazo grande, colegas!

 

 

* Marianna Carrión estudió la licenciatura en Comunicación y gestión de la cultura y las artes en la Universidad de la Comunicación, generación 2007-2011. Actualmente es responsable de proyectos especiales en el Lunario del Auditorio Nacional.